martes, 2 de abril de 2013
Hay vida después de la elección del Papa Francisco
El 13 de marzo fue elegido Papa el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio (de ahora en adelante Francisco). Durante las primeras semanas se levantaron en Argentina, voces en contra y a favor del nombramiento del nuevo Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Las voces en contra argumentaban que Bergoglio había sido responsable del secuestro de tres sacerdotes jesuitas durante la última dictadura militar, por no haberlos protegido. La voz que más se alzó en contra de Bergoglio, fue la del presidente del CELS, Horacio Verbitsky, quien en un libro publcado en 2005, dice haber reunido documentación que pareciera indicar la participación del actual Papa en los años oscuros de nuestro país.
Lo cierto es que en menos de un mes, Francisco ya dio claras muestras de lo que pretende para la Iglesia Católica. Ajeno a todo protocolo, Bergoglio en sus primeras apariciones públicas se acercó a los fieles, se postró ante la tumba de San Pedro y bajó al sitio donde se encuentran sus restos.
Pero no del Papa Francisco se vive todos los días...también pasan cosas en nuestro país, como por ejemplo, el conflicto que los gremios docentes nucleados en el Frente Gremial Docente mantienen con el gobierno de Daniel Scioli por el aumento de sus salarios. El gobierno provincial cerró la paritaria docente con una oferta del 22,6%, lo cual los sindicatos juzgan insuficiente, ya que piden un incremento salarial del 30% y sostienen que la provincia no está haciendo esfuerzos suficientes para mejorar la oferta. Así las cosas, en la provincia los colegios estatales siguen sin clases y se avecina para la semana un paro de 72 horas. Los chicos siguen sin clases, siguen los paros y la educación sigue siendo perjudicada.
En tanto a nivel nacional, en un año electoral, siguen los movimientos de piezas en la oposición de cara a las primarias de agosto y a las legislativas de octubre. En materia de económica, el gobierno analiza abrir la importación de productos para los grandes supermercados, manteniendo congelados los precios de los productos que entraron en el acuerdo, y que parece que seguirán sin moverse un centavo durante un mes más. También vale decir que durante la semana que pasó, el gobierno nacional hizo una oferta por el canje de la deuda a los fondos buitres, según manifestaron el ministro de Economía, Hernán Lorenzino y el vicepresidente, Amado Boudou, la oferta realizada es la misma que fue realizada en el 2010.
viernes, 15 de marzo de 2013
Clarín miente, Verbitsky también miente.
Mucho se está hablando por estos días del supuesto papel del flamante Papa, Jorge Bergoglio (ahora Francisco I o Francisco, a secas, como prefiere que lo llamen) en la dictadura militar como entregador o complice de la desaparición de varios sacerdotes tercermundistas durante la última dictadura militar. Este dato es desmentido por personalidades de la política, los derechos humanos y la teología, como Adoilfo Pérez Esquivel, el brasileño Leonardo Boff o la ex Ministra de Desarrollo Social del gobierno de la Alianza y ex integrante de la CIDH, Graciela Fernández Meijide, quienes niegan rotundamente que el ex arzobispo de Buenos Aires haya tenido participación alguna en los años oscuros de la política argentina. Más aún, esto es desmentido por uno de los protagonistas de la historia que involucra a Bergoglio, Francisco Jalics, quien actualmente se encuentra viviendo en Alemania, y que no identifica entre quienes lo delataron al actual Sumo Pontífice.
Todo esto hace pensar que la investigación realizada por el director del CELS, Horacio Verbitsky en el año 2005, y que habla sobre la supuesta participación de Jorge Mario Bergoglio en la dictadura militar de 1976, es todo una farsa para desprestigiar a quién en ese momento quedaría segundo en la elección papal que proclamó a Joseph Ratzinger como sucesor de Juan Pablo II. También tuvieron palabras favorables hacia Bergoglio, el vicegobernador Gabriel Mariotto y el líder del Movimiento Evita y diputado del Frente para la Victoria, Fernando "Chino" Navarro.
Todo esto me lleva a reflexionar, además de Clarín...Verbitsky miente?, o mienten Navarro, Boff, Mariotto, Fernández Meijide y Pérez Esquivel?, acaso miente también el propio secuestrado, Francisco Jalics?, o es Verbitsky el que miente?.
La muerte de un líder, el Papa argentino y los nuevos dichos desafortunados de la presidenta.
En pocos días sucedieron acontecimientos importantes tanto a nivel mundial como a nivel nacional. En primer lugar cabe destacar que finalmente, el 5 de marzo se produjo la muerte del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, víctima de un cáncer desde hace un año. La muerte de Chávez significa un duro golpe para el intento de los países latinoamericanos por lograr la unidad frente a los organismos de crédito internacionales y a las políticas neoliberales que estos predican.
Chávez junto al también fallecido Néstor Kirchner y a Lula Da Silva, fueron los impulsores de lo que más tarde se conocería como Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) y también fueron los artífices del rechazo al ALCA en la contracumbre de las Américas, realizada en Mar del Plata en el año 2004. Al igual que cuando murió Kirchner se pensaba que el kirchnerismo estaba acabado, con la muerte de Chávez algunos creen que se avecina el fin de la Revolución Bolivariana, pero así como en Argentina está Cristina Kirchner (a quien me voy a referir más adelante por sus polémicos dichos de esta semana) para continuar con el kirchnerismo (quien escribe se resiste a llamarlo cristinismo), en Venezuela está el hasta ahora vicepresidente Nicolás Maduro para llevar a Venezuela hacia el socialismo del siglo XXI.
En segundo lugar, pero no menos importante, fue lo sucedido el pasado 13 de marzo en El Vaticano, donde en el segundo día del cónclave convocado para elegir al nuevo Papa luego de la renuncia de Benedicto XVI, finalmente salió por la chimenea del Palacio San Pedro la tan esperada fumata blanca que anunciaba que la Iglesia Católica tenía un nuevo jefe.
Hasta el momento del anuncio del nombre del sucesor de Joseph Ratzinger, muchas fueron las especulaciones sobre quien sería el elegido. En un primer momento todo parecía indicar que el elegido sería el arzobispo de Milán, Angelo Scola o cualquiera de los que eran sindicados como principales candidatos, entre los que había un estadounidense, un brasilero, un africano y un argentino, además del italiano Scola.
En el momento en que empezó a salir la segunda fumata del segundo día del cónclave, al principio salió humo negro, lo que hizo pensar que aún no había un papa...pero enseguida salió el humo blanco que anunciaba la buena nueva. A partir de ese momento muchas fueron las especulaciones sobre quien sería el elegido, sobre la nacionalidad del mismo y sobre qué nombre papal usaría. Finalmente se supo la verdad, el cardenal vicario se asomó al balcón y anunció que el elegido era el cardenal Jorge Mario Bergolio..sí, el Papa era un latinoamericano, y más precisamente un argentino, y el elegido era el ex arzobispo de Buenos Aires. A partir del momento del anuncio todo fue sorpresa y alegría en torno a la noticia, aunque también estuvieron los que cuestionan a Bergoglio por su dudoso papel durante la época de la represión, respecto a lo que hay opiniones divididas, tanto a favor como en contra. Lo cierto es que el nuevo Papa viene del fin del mundo y todos los ojos están puestos sobre nuestro país, el mundo habla de Argentina como nunca antes lo hizo.
Por último, voy a dedicar un breve comentario a una de las últimas apariciones públicas de nuestra presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, quien un día antes de conocerse la noticia del nuevo Papa, dijo que la diabetes era una enfermedad de la clase alta, y no es la primera vez que la presidenta comete un fallido semejante, ya lo había hecho el año pasado cuando dijo que los docentes de la escuela pública tienen tres meses de vacaciones...esto me lleva a preguntarme...quien asesora a nuestra presidenta para que diga semejantes cosas?...porque lo peor de todo es que sus discursos no son leídos, así que no se puede decir que alguien se los escriba y echarle la culpa a terceros. De todos modos no comparto que, como leí por ahí, se insulte y agravie a la presidenta por algo así, y en todo caso, la ignorante no es ella, sino sus asesores.
martes, 6 de diciembre de 2011
CELAC: UN PASO MÀS HACIA LA CONSTRUCCIÒN DE LA PATRIA GRANDE LATINOAMERICANA
Patria y Pueblo vive con gran alegría la constitución de la CELAC y se considera convocado a colaborar en la materialización del enorme desafío que implica la propuesta de reunificar la Patria Grande.
La reunión de la CELAC es un nuevo Congreso Anfictiónico, esta vez sin intervención de potencias extrañas a Nuestra América, que retoma la gesta de los grandes emancipadores y en especial la del más grande de todos, el caraqueño americano Libertador Simón Bolívar.
En la propuesta venezolana aparecieron explícitamente las mejores páginas de Jorge Abelardo Ramos, un acontecimiento que los socialistas de la Izquierda Nacional no podemos sino considerar también, en plena justicia, el ansiado resultado de nuestros desvelos de largas décadas.
La propuesta de la CELAC empieza a poner en marcha las tesis estampadas en ese trabajo genial. La unidad de los países de América Latina, el "nacimiento de un gigante" al decir del Presidente Hugo Chávez, se ha convertido por fin en un objetivo compartido por los mandatarios de los 33 países latinoamericanos y caribeños, sin distinción de ideologías e incluso por encima de los estrechos intereses de algunos de los sectores sociales en que se apoyan algunos de ellos.
Un interés superior, el interés de la protección de Nuestra América frente al desastre del sistema mundial en caída libre desde 2008, empujó a los más remisos. Y el mismo interés superior empujó a los más entusiastas a abrazar a los primeros y a acompañarlos en su camino.
De resultas de esa convergencia, el 3 de diciembre de 2011, a sesenta años exactos del deceso del gran precursor, el socialista latinoamericano Manuel Ugarte, cayeron las barreras ideológicas entre los gobiernos del vasto mundo que se extiende desde el Río Bravo hasta el Polo Sur. De este modo empieza la respuesta definitiva de los latinoamericanos al fracaso inevitable del intento recolonizador de la globalización neoliberal que alcanzó su punto máximo durante la década de 1990.
Una ola de descontento masivo que encontró sus más altas expresiones en los alzamientos argentino y boliviano de 2000 y 2001 permitió abrir un nuevo rumbo que, ante todo, llevó a desmontar las maquinaciones imperialistas en Mar del Plata en 2005. Hoy los Presidentes y Primeros Ministros de la Patria Grande iniciaron el trazado de una ruta que solo puede culminar exitosamente con la unificación gran nacional de todos nuestros países en la "nación de patrias" por la que lucharon los grandes libertadores.
Patria y Pueblo, el partido de los socialistas de la Izquierda Nacional en la Argentina, se suma a la alegría de los buenos patriotas por estos acontecimientos históricos, que ahora corresponde consolidar. No se trata, en efecto, de lanzar grandes declaraciones, ni de generar una organización formal desasida de las necesidades concretas, una de "repúblicas aéreas" que tanto temía Bolívar.
Ahora corresponde asegurar lo obtenido contra las intrigas que tramarán las potencias imperialistas, viejas enemigas de nuestra unificación. Estamos en el instante histórico en que hay que forjar los cimientos de esa Patria Grande que, otra vez, está llamada a ser un ejemplo para las naciones.
Republica Argentina, 5 de diciembre de 2011
La reunión de la CELAC es un nuevo Congreso Anfictiónico, esta vez sin intervención de potencias extrañas a Nuestra América, que retoma la gesta de los grandes emancipadores y en especial la del más grande de todos, el caraqueño americano Libertador Simón Bolívar.
En la propuesta venezolana aparecieron explícitamente las mejores páginas de Jorge Abelardo Ramos, un acontecimiento que los socialistas de la Izquierda Nacional no podemos sino considerar también, en plena justicia, el ansiado resultado de nuestros desvelos de largas décadas.
La propuesta de la CELAC empieza a poner en marcha las tesis estampadas en ese trabajo genial. La unidad de los países de América Latina, el "nacimiento de un gigante" al decir del Presidente Hugo Chávez, se ha convertido por fin en un objetivo compartido por los mandatarios de los 33 países latinoamericanos y caribeños, sin distinción de ideologías e incluso por encima de los estrechos intereses de algunos de los sectores sociales en que se apoyan algunos de ellos.
Un interés superior, el interés de la protección de Nuestra América frente al desastre del sistema mundial en caída libre desde 2008, empujó a los más remisos. Y el mismo interés superior empujó a los más entusiastas a abrazar a los primeros y a acompañarlos en su camino.
De resultas de esa convergencia, el 3 de diciembre de 2011, a sesenta años exactos del deceso del gran precursor, el socialista latinoamericano Manuel Ugarte, cayeron las barreras ideológicas entre los gobiernos del vasto mundo que se extiende desde el Río Bravo hasta el Polo Sur. De este modo empieza la respuesta definitiva de los latinoamericanos al fracaso inevitable del intento recolonizador de la globalización neoliberal que alcanzó su punto máximo durante la década de 1990.
Una ola de descontento masivo que encontró sus más altas expresiones en los alzamientos argentino y boliviano de 2000 y 2001 permitió abrir un nuevo rumbo que, ante todo, llevó a desmontar las maquinaciones imperialistas en Mar del Plata en 2005. Hoy los Presidentes y Primeros Ministros de la Patria Grande iniciaron el trazado de una ruta que solo puede culminar exitosamente con la unificación gran nacional de todos nuestros países en la "nación de patrias" por la que lucharon los grandes libertadores.
Patria y Pueblo, el partido de los socialistas de la Izquierda Nacional en la Argentina, se suma a la alegría de los buenos patriotas por estos acontecimientos históricos, que ahora corresponde consolidar. No se trata, en efecto, de lanzar grandes declaraciones, ni de generar una organización formal desasida de las necesidades concretas, una de "repúblicas aéreas" que tanto temía Bolívar.
Ahora corresponde asegurar lo obtenido contra las intrigas que tramarán las potencias imperialistas, viejas enemigas de nuestra unificación. Estamos en el instante histórico en que hay que forjar los cimientos de esa Patria Grande que, otra vez, está llamada a ser un ejemplo para las naciones.
Republica Argentina, 5 de diciembre de 2011
lunes, 28 de noviembre de 2011
Declaraciòn de Patria y Pueblo ante el asesinato de Cristian Ferreyra
ANTE EL ASESINATO DE CRISTIAN FERREIRA
El Partido PATRIA Y PUEBLO – Izquierda Nacional repudia el asesinato del compatriota Cristian Ferreira, integrante del Mocase-VC, a mano del sicario que actuó bajo las órdenes del empresario sojero J. Cicioli, exigiendo el inmediato juicio y encarcelamiento de ambos.
El crimen del compatriota ha puesto en escena una problemática que no es económica, sino profundamente social, cuyos orígenes podemos rastrearlo en el despojo del que fueron objeto los aborígenes desde la época colonial y cuyos descendientes hoy forman parte de la legión de desterrados de su propia tierra.
Dado la naturaleza de éste conflicto, su resolución no se llegará por la vía judicial, lo cual ha quedado demostrado a lo largo de los años de deambular por los estrados judiciales sin encontrar respuesta legal y mucho menos justicia. Los conflictos vinculados a la posesión de la tierra imponen una resolución política integral que en lo inmediato suspenda todos los desalojos y restablezca la efectiva posesión de la tierra por parte de los campesinos.
Como correlato a la cuestión social del despojo de la tierra, aparece la deforestación y la devastación ecológica que acarrea, poniendo en evidencia la falta de aplicación por parte del Estado, de las medidas contempladas para la protección de los bosques. Esto último trae como consecuencia que sean los propios campesinos los que protejan el patrimonio común de los argentinos, a costa de sus vidas.
Por último, y no por ello la cuestión menos grave, el episodio ha evidenciado la presencia de grupos armados que amenazan y amedrentan campesinos y que las autoridades deben desarmar de forma inmediata, restableciendo en las zonas rurales el Estado de derecho.
Republica Argentina, Noviembre de 2011
El Partido PATRIA Y PUEBLO – Izquierda Nacional repudia el asesinato del compatriota Cristian Ferreira, integrante del Mocase-VC, a mano del sicario que actuó bajo las órdenes del empresario sojero J. Cicioli, exigiendo el inmediato juicio y encarcelamiento de ambos.
El crimen del compatriota ha puesto en escena una problemática que no es económica, sino profundamente social, cuyos orígenes podemos rastrearlo en el despojo del que fueron objeto los aborígenes desde la época colonial y cuyos descendientes hoy forman parte de la legión de desterrados de su propia tierra.
Dado la naturaleza de éste conflicto, su resolución no se llegará por la vía judicial, lo cual ha quedado demostrado a lo largo de los años de deambular por los estrados judiciales sin encontrar respuesta legal y mucho menos justicia. Los conflictos vinculados a la posesión de la tierra imponen una resolución política integral que en lo inmediato suspenda todos los desalojos y restablezca la efectiva posesión de la tierra por parte de los campesinos.
Como correlato a la cuestión social del despojo de la tierra, aparece la deforestación y la devastación ecológica que acarrea, poniendo en evidencia la falta de aplicación por parte del Estado, de las medidas contempladas para la protección de los bosques. Esto último trae como consecuencia que sean los propios campesinos los que protejan el patrimonio común de los argentinos, a costa de sus vidas.
Por último, y no por ello la cuestión menos grave, el episodio ha evidenciado la presencia de grupos armados que amenazan y amedrentan campesinos y que las autoridades deben desarmar de forma inmediata, restableciendo en las zonas rurales el Estado de derecho.
Republica Argentina, Noviembre de 2011
viernes, 23 de septiembre de 2011
PATRIA Y PUEBLO N° 35
EDITORIAL
EL PLEBISCITO DE AGOSTO Y SUS RIESGOS*
Por Néstor Gorojovsky l Secretario General del Partido Patria y Pueblo –
Socialistas de la Izquierda Nacional
Cristina Fernández de Kirchner obtuvo más del 50% de los sufragios en las internas abiertas, y restableció su centralidad en el tablero político argentino.
Las “primarias abiertas, simultáneas y obligatorias” fueron, como anticipábamos en nuestra editorial del número anterior de PATRIA Y PUEBLO, una verdadera primera vuelta presidencial. En esa nota instábamos a todos los argentinos a tomarlas de este modo y, por lo tanto, a utilizarlas para reafirmar la candidatura presidencial de CFK ante el vendaval erosionante que los grandes medios habían desatado a partir de varios resultados adversos en importantes elecciones locales.
No creemos, ni por un segundo, que esa exhortación haya sido el motivo fundamental del resultado, por supuesto. Pero sí creemos, en cambio, que con ese llamamiento los socialistas de la Izquierda Nacional supimos sintonizar el sentimiento común de la mayoría de los argentinos. Y algo, además, habremos ayudado, con seguridad, a consolidarlo.
La segunda consecuencia de esas elecciones fue que la candidatura de Cristina Fernández se convirtió, además, en una muralla defensiva alzada voto a voto contra los diversos candidatos dispuestos a atrasar el reloj y retornar a la miseria profunda de las últimas décadas del siglo XX.
UN VOTO EN DEFENSA PROPIA
Esa mayoría electoral es, ante todo, un rotundo “no”, a la propuesta imperialista de reorganizar nuestra economía como apéndice primario agroexportador, desindustrializado, del centro metropolitano. Es un rotundo “no” a la ambición oligárquica de rapiñar hasta el último centavo de la renta diferencial de que disfruta desde que se adueñó de esa riqueza colectiva de los argentinos que es el suelo de la Pampa Húmeda. Es un rotundo “no” a que los esfuerzos del conjunto del pueblo para mantener una paridad cambiaria protectora caigan, sin límite, en los bolsillos de un empresariado desinteresado de la capacidad de consumo de sus propios trabajadores.
Es, también y entonces, un rotundo “no” a que el mercado interno argentino y los ingresos de la población sean variable de ajuste para solventar la crisis mundial. Es un rotundo “no” al retroceso en el camino de reunificación sanmartiniana y bolivariana de América Latina. Es un rotundo “no” a la subsidiariedad del Estado, a la dictadura económica, social y política de los monopolios privados, al sometimiento de la Argentina a necesidades ajenas a las de su propio pueblo. Es un rotundo “no” al cipayismo intelectual, y una forma de autorreconocimiento contra la dictadura feroz de los colonizadores mentales. Es un rotundo “no” a la destrucción de las estructuras educativas, de salud pública o previsionales, de la Nación.
Es un rotundo “no”, en fin, a todo intento de reinstalar en la Argentina las funestas orientaciones de gobierno heredadas del largo ciclo de hegemonía oligárquica iniciado en 1955. Como alguien dijo por ahí, al apoyar a Cristina Fernández, los argentinos votamos “en defensa propia”.
LA NEGACION AFIRMATIVA
A cada “no” le corresponde un “sí”: economía industrializada, apropiación colectiva de al menos parte de la renta diferencial pampeana, tipos de cambio diferenciados acorde con las productividades relativas de las diversas ramas de la economía, aumento de la porción de la riqueza que se convierte en salarios y servicios a los sectores más humildes, blindaje contra la crisis planetaria, creciente unidad latinoamericana en todos los órdenes, control y direccionamiento estatal de los sectores concentrados, reafirmación cultural, inversión pública creciente y en particular en educación, salud y seguridad social. Y muchos más: desarrollo científico independiente, rescate de inteligencia emigrada en el período anterior, sustitución de importaciones, aumento del parque habitacional, son algunos ejemplos.
La dimensión de esta negación afirmativa se revela también en otros dos hechos de masas, que forman el marco social en el que terminó por dirimirse esta elección. El éxito formidable de la muestra Tecnópolis (que ya supera los dos millones y medio de visitantes, o sea dos millones y medio de sopapos contra el tilingo de Mauricio Macri, ingeniero que no quiere un país para ingenieros y se negó a albergarla el año pasado argumentando que “entorpecía el tránsito”) se contrapone a la languidez de invierno histórico que acalambró a los dirigentes económicos, gremiales y políticos que se congregaron, mustios, en la Exposición Rural que, en el predio malhabido de Palermo, a gatas si juntó un cuarto de millón de visitantes.
Finalmente, y pese a que muchas veces la cosa parece ir para el lado del hartazgo, cabe sumar en el aspecto afirmativo de la decisión masiva un hecho que tendrá enormes consecuencias: la repolitización de la vida cultural de los argentinos, impulsada desde el poder central frente a la voluntad banalizante de las grandes usinas desinformadoras del complejo mediático del coloniaje.
LOS GRANDES PERDEDORES
Es por eso que, quizás por no leer nuestras editoriales, Ricardo Alfonsín probó con su actividad política concreta cuán grande le queda la ropa heredada de su papá el difunto ex presidente. Raúl Alfonsín no hubiera dudado un instante en quemar todas las naves para mantener una alianza sólida con Hermes Binner, que es lo que sugeríamos que iba a hacer el ínfimo vástago del que, imprudentemente, llegamos a caratular tiempo atrás como “Tartufo de Chascomús”. No nos faltaban los motivos. Lo que nos faltó fue imaginación para ver que podía haber algo peor.
Los grandes derrotados en esta elección, para eterna ira de los editorialistas de “La Nación” y cólicos interminables del Sr. Magnetto, fueron precisamente los políticos que asumieron como propio el legado que provocó el incendio del 19 y 20 de diciembre de 2001. Tanto Eduardo A. Duhalde como Ricardo Alfonsín actuaron, respectivamente, como el veterinario y el ingeniero agrónomo de un país moribundo. Sin percibir que el ánimo popular se estaba orientando hacia un futuro de industrias y paria más que hacia un pasado de agribusiness y entrega, se recostaron sobre su extrema derecha para aspirar a campeón de peso pesado contra un kirchnerismo al que, tras los resultados parciales en Capital Federal, Santa Fe y Córdoba, veían en decadencia.
Cometieron el peor error del embaucador: creer, sinceramente, en su propio engaño. Fueron incapaces de “correrse a un costado”, lo que quizás sea demasiado pedir, o al menos -como clamaban desesperadamente los editorialistas de los grandes medios- llegar a un acuerdo para encaramar al menos a uno de ellos en el podio. Reconózcasele a Mauricio Macri la astucia de haberse bajado de la confrontación, porque gracias a ella ahora puede aspirar a ser el próximo candidato a liderar un proyecto sin futuro pero con largo -y negro- pasado.
Asignémosles unas palabras a las dos Casandras fayutas del desastre, Pino Solanas y Lilita Carrió, quienes sea con indignación, sea con satisfacción incomprensible, predijeron el Apocalipsis en caso de vencer Cristina Fernández de Kirchner. A ellos les fue peor que a nadie. Colocarse en la más extrema oposición a quien condensaba la voluntad autodefensiva de los argentinos no podía tener otro resultado. Hasta la secta de Altamira logró más votos, quizás por cierta respetable veta sentimental de muchos compatriotas que no pueden ver vacío el casillero electoral de la “izquierda pura”. Que el Frente de Izquierda merezca ese título, es otro tema sobre el que ya hemos hablado mucho y no retornaremos.
LOS QUE SUPIERON VER EL PANORAMA
Dos fuerzas, dentro de una oposición que en general quedó aplastada por el aluvión kirchnerista, pueden reclamar con toda justicia cierto derecho a la celebración. Ambas percibieron que oponerse por principio al rumbo kirchnerista garantizaba el desastre.
Una es el singular peronismo puntano, que logró una interesante participación electoral y hasta venció al kirchnerismo (y abrumadoramente) en San Luis. Es, para su desgracia, incapaz de gestar una alianza fuera de los límites de su provincia que pueda reproducir aquello que sí hizo dentro de los mismos, aunque los últimos movimientos de Alberto Rodríguez Saá demuestran que ve claramente por dónde viene el futuro: apenas terminó el acto electoral, salió a saludar no sin gracejo a la gran ganadora, y al cierre de esta edición, declaraba abiertamente que entre CFK y Eduardo Duhalde, optaba por la primera.
La otra, pese a un serio sofocón local que le pone un signo de interrogación sobre la frente, es el socialismo de base sojera encabezado por Hermes Binner. Sin dejar de ser, en última instancia, una versión reformista de un pasado al que no quiere retornar el país, y sin dejar de ser tampoco la cabecera de puente litoraleña de la socialdemocracia española, su reformismo crítico (más retórico que real, aunque en ciertas instancias supo votar a favor del proyecto kirchnerista… pero no cuando la “125”) lo ha colocado en el sitio esperado de “gran esperanza blanca”, de candidato opositor potable para el bloque oligárquico, que desespera ante la imposibilidad (más política que legal) de que los votantes del resto de los candidatos del ya muerto “grupo A” deriven su voluntad hacia el rosarino.
LOS PELIGROS DE LA ABUNDANCIA
Tanta bonanza electoral tiene sus riesgos. El proyecto kirchnerista ha sido plebiscitado, y eso es muy bueno. Pero no ha sido plebiscitado para quedarse en lo que es. A partir de ahora (y electoralmente esto se verá en la transformación de Binner en el nuevo candidato del bloque antinacional) deberá ir a la raíz de los problemas que su propuesta de capitalismo autocentrado propone liquidar.
En este camino, la conformación de las listas de candidatos decidida por Cristina Fernández de Kirchner no deja de hacer sonar algunas chicharras de alarma. El triunfo de CFK no anula las derrotas locales, aunque les da un marco y las limita (la corta vida del “cordobesismo” delasotista es quizás la más cómica de las demostraciones). Y esas listas no siempre han sido del agrado de la misma población que sí apoyó a la Presidenta en su aspiración reeleccionaria.
En las semanas posteriores a las primarias, el kirchnerismo parece haber decidido hacerse más palatable a las patronales, y “poner en su lugar” a las conducciones sindicales algo respondonas. No es una novedad para quienes conocemos el carácter pendular de la conducción bonapartista del movimiento nacional, desde la llegada de Perón al poder con apoyo de los trabajadores. Pero tampoco es una novedad que esa política, en los momentos de prueba, no rindió precisamente buenos resultados.
Sobre estos asuntos, hablaremos en la próxima edición de nuestro periódico. Pero alertamos desde ahora contra el riesgo de adormecer el impulso transformador y de imaginarse un triunfo contra la oligarquía que no parta de una creciente participación de los trabajadores argentinos en la lucha política.
Ni siquiera el muy burgués (y muy bien orientado, por cierto) proyecto de “industrializar la ruralidad” saldrá adelante sin radicalizar el rumbo, más que solo “profundizarlo”, y sin una alianza que asigne al movimiento obrero un lugar que, explícitamente, le ha sido negado en la actual instancia electoral.
*Editorial del periódico del Partido Patria y Pueblo – Izquierda Nacional, Nº 35, septiembre de 2011, Buenos Aires, Rep. Argentina.
Sede Central: Bolívar 1511 - Cap. Fed.
Rep. Argentina - 011 4 300 4332
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LAS IMÁGENES NO PUDIERON SER SUBIDAS.
EL PLEBISCITO DE AGOSTO Y SUS RIESGOS*
Por Néstor Gorojovsky l Secretario General del Partido Patria y Pueblo –
Socialistas de la Izquierda Nacional
Cristina Fernández de Kirchner obtuvo más del 50% de los sufragios en las internas abiertas, y restableció su centralidad en el tablero político argentino.
Las “primarias abiertas, simultáneas y obligatorias” fueron, como anticipábamos en nuestra editorial del número anterior de PATRIA Y PUEBLO, una verdadera primera vuelta presidencial. En esa nota instábamos a todos los argentinos a tomarlas de este modo y, por lo tanto, a utilizarlas para reafirmar la candidatura presidencial de CFK ante el vendaval erosionante que los grandes medios habían desatado a partir de varios resultados adversos en importantes elecciones locales.
No creemos, ni por un segundo, que esa exhortación haya sido el motivo fundamental del resultado, por supuesto. Pero sí creemos, en cambio, que con ese llamamiento los socialistas de la Izquierda Nacional supimos sintonizar el sentimiento común de la mayoría de los argentinos. Y algo, además, habremos ayudado, con seguridad, a consolidarlo.
La segunda consecuencia de esas elecciones fue que la candidatura de Cristina Fernández se convirtió, además, en una muralla defensiva alzada voto a voto contra los diversos candidatos dispuestos a atrasar el reloj y retornar a la miseria profunda de las últimas décadas del siglo XX.
UN VOTO EN DEFENSA PROPIA
Esa mayoría electoral es, ante todo, un rotundo “no”, a la propuesta imperialista de reorganizar nuestra economía como apéndice primario agroexportador, desindustrializado, del centro metropolitano. Es un rotundo “no” a la ambición oligárquica de rapiñar hasta el último centavo de la renta diferencial de que disfruta desde que se adueñó de esa riqueza colectiva de los argentinos que es el suelo de la Pampa Húmeda. Es un rotundo “no” a que los esfuerzos del conjunto del pueblo para mantener una paridad cambiaria protectora caigan, sin límite, en los bolsillos de un empresariado desinteresado de la capacidad de consumo de sus propios trabajadores.
Es, también y entonces, un rotundo “no” a que el mercado interno argentino y los ingresos de la población sean variable de ajuste para solventar la crisis mundial. Es un rotundo “no” al retroceso en el camino de reunificación sanmartiniana y bolivariana de América Latina. Es un rotundo “no” a la subsidiariedad del Estado, a la dictadura económica, social y política de los monopolios privados, al sometimiento de la Argentina a necesidades ajenas a las de su propio pueblo. Es un rotundo “no” al cipayismo intelectual, y una forma de autorreconocimiento contra la dictadura feroz de los colonizadores mentales. Es un rotundo “no” a la destrucción de las estructuras educativas, de salud pública o previsionales, de la Nación.
Es un rotundo “no”, en fin, a todo intento de reinstalar en la Argentina las funestas orientaciones de gobierno heredadas del largo ciclo de hegemonía oligárquica iniciado en 1955. Como alguien dijo por ahí, al apoyar a Cristina Fernández, los argentinos votamos “en defensa propia”.
LA NEGACION AFIRMATIVA
A cada “no” le corresponde un “sí”: economía industrializada, apropiación colectiva de al menos parte de la renta diferencial pampeana, tipos de cambio diferenciados acorde con las productividades relativas de las diversas ramas de la economía, aumento de la porción de la riqueza que se convierte en salarios y servicios a los sectores más humildes, blindaje contra la crisis planetaria, creciente unidad latinoamericana en todos los órdenes, control y direccionamiento estatal de los sectores concentrados, reafirmación cultural, inversión pública creciente y en particular en educación, salud y seguridad social. Y muchos más: desarrollo científico independiente, rescate de inteligencia emigrada en el período anterior, sustitución de importaciones, aumento del parque habitacional, son algunos ejemplos.
La dimensión de esta negación afirmativa se revela también en otros dos hechos de masas, que forman el marco social en el que terminó por dirimirse esta elección. El éxito formidable de la muestra Tecnópolis (que ya supera los dos millones y medio de visitantes, o sea dos millones y medio de sopapos contra el tilingo de Mauricio Macri, ingeniero que no quiere un país para ingenieros y se negó a albergarla el año pasado argumentando que “entorpecía el tránsito”) se contrapone a la languidez de invierno histórico que acalambró a los dirigentes económicos, gremiales y políticos que se congregaron, mustios, en la Exposición Rural que, en el predio malhabido de Palermo, a gatas si juntó un cuarto de millón de visitantes.
Finalmente, y pese a que muchas veces la cosa parece ir para el lado del hartazgo, cabe sumar en el aspecto afirmativo de la decisión masiva un hecho que tendrá enormes consecuencias: la repolitización de la vida cultural de los argentinos, impulsada desde el poder central frente a la voluntad banalizante de las grandes usinas desinformadoras del complejo mediático del coloniaje.
LOS GRANDES PERDEDORES
Es por eso que, quizás por no leer nuestras editoriales, Ricardo Alfonsín probó con su actividad política concreta cuán grande le queda la ropa heredada de su papá el difunto ex presidente. Raúl Alfonsín no hubiera dudado un instante en quemar todas las naves para mantener una alianza sólida con Hermes Binner, que es lo que sugeríamos que iba a hacer el ínfimo vástago del que, imprudentemente, llegamos a caratular tiempo atrás como “Tartufo de Chascomús”. No nos faltaban los motivos. Lo que nos faltó fue imaginación para ver que podía haber algo peor.
Los grandes derrotados en esta elección, para eterna ira de los editorialistas de “La Nación” y cólicos interminables del Sr. Magnetto, fueron precisamente los políticos que asumieron como propio el legado que provocó el incendio del 19 y 20 de diciembre de 2001. Tanto Eduardo A. Duhalde como Ricardo Alfonsín actuaron, respectivamente, como el veterinario y el ingeniero agrónomo de un país moribundo. Sin percibir que el ánimo popular se estaba orientando hacia un futuro de industrias y paria más que hacia un pasado de agribusiness y entrega, se recostaron sobre su extrema derecha para aspirar a campeón de peso pesado contra un kirchnerismo al que, tras los resultados parciales en Capital Federal, Santa Fe y Córdoba, veían en decadencia.
Cometieron el peor error del embaucador: creer, sinceramente, en su propio engaño. Fueron incapaces de “correrse a un costado”, lo que quizás sea demasiado pedir, o al menos -como clamaban desesperadamente los editorialistas de los grandes medios- llegar a un acuerdo para encaramar al menos a uno de ellos en el podio. Reconózcasele a Mauricio Macri la astucia de haberse bajado de la confrontación, porque gracias a ella ahora puede aspirar a ser el próximo candidato a liderar un proyecto sin futuro pero con largo -y negro- pasado.
Asignémosles unas palabras a las dos Casandras fayutas del desastre, Pino Solanas y Lilita Carrió, quienes sea con indignación, sea con satisfacción incomprensible, predijeron el Apocalipsis en caso de vencer Cristina Fernández de Kirchner. A ellos les fue peor que a nadie. Colocarse en la más extrema oposición a quien condensaba la voluntad autodefensiva de los argentinos no podía tener otro resultado. Hasta la secta de Altamira logró más votos, quizás por cierta respetable veta sentimental de muchos compatriotas que no pueden ver vacío el casillero electoral de la “izquierda pura”. Que el Frente de Izquierda merezca ese título, es otro tema sobre el que ya hemos hablado mucho y no retornaremos.
LOS QUE SUPIERON VER EL PANORAMA
Dos fuerzas, dentro de una oposición que en general quedó aplastada por el aluvión kirchnerista, pueden reclamar con toda justicia cierto derecho a la celebración. Ambas percibieron que oponerse por principio al rumbo kirchnerista garantizaba el desastre.
Una es el singular peronismo puntano, que logró una interesante participación electoral y hasta venció al kirchnerismo (y abrumadoramente) en San Luis. Es, para su desgracia, incapaz de gestar una alianza fuera de los límites de su provincia que pueda reproducir aquello que sí hizo dentro de los mismos, aunque los últimos movimientos de Alberto Rodríguez Saá demuestran que ve claramente por dónde viene el futuro: apenas terminó el acto electoral, salió a saludar no sin gracejo a la gran ganadora, y al cierre de esta edición, declaraba abiertamente que entre CFK y Eduardo Duhalde, optaba por la primera.
La otra, pese a un serio sofocón local que le pone un signo de interrogación sobre la frente, es el socialismo de base sojera encabezado por Hermes Binner. Sin dejar de ser, en última instancia, una versión reformista de un pasado al que no quiere retornar el país, y sin dejar de ser tampoco la cabecera de puente litoraleña de la socialdemocracia española, su reformismo crítico (más retórico que real, aunque en ciertas instancias supo votar a favor del proyecto kirchnerista… pero no cuando la “125”) lo ha colocado en el sitio esperado de “gran esperanza blanca”, de candidato opositor potable para el bloque oligárquico, que desespera ante la imposibilidad (más política que legal) de que los votantes del resto de los candidatos del ya muerto “grupo A” deriven su voluntad hacia el rosarino.
LOS PELIGROS DE LA ABUNDANCIA
Tanta bonanza electoral tiene sus riesgos. El proyecto kirchnerista ha sido plebiscitado, y eso es muy bueno. Pero no ha sido plebiscitado para quedarse en lo que es. A partir de ahora (y electoralmente esto se verá en la transformación de Binner en el nuevo candidato del bloque antinacional) deberá ir a la raíz de los problemas que su propuesta de capitalismo autocentrado propone liquidar.
En este camino, la conformación de las listas de candidatos decidida por Cristina Fernández de Kirchner no deja de hacer sonar algunas chicharras de alarma. El triunfo de CFK no anula las derrotas locales, aunque les da un marco y las limita (la corta vida del “cordobesismo” delasotista es quizás la más cómica de las demostraciones). Y esas listas no siempre han sido del agrado de la misma población que sí apoyó a la Presidenta en su aspiración reeleccionaria.
En las semanas posteriores a las primarias, el kirchnerismo parece haber decidido hacerse más palatable a las patronales, y “poner en su lugar” a las conducciones sindicales algo respondonas. No es una novedad para quienes conocemos el carácter pendular de la conducción bonapartista del movimiento nacional, desde la llegada de Perón al poder con apoyo de los trabajadores. Pero tampoco es una novedad que esa política, en los momentos de prueba, no rindió precisamente buenos resultados.
Sobre estos asuntos, hablaremos en la próxima edición de nuestro periódico. Pero alertamos desde ahora contra el riesgo de adormecer el impulso transformador y de imaginarse un triunfo contra la oligarquía que no parta de una creciente participación de los trabajadores argentinos en la lucha política.
Ni siquiera el muy burgués (y muy bien orientado, por cierto) proyecto de “industrializar la ruralidad” saldrá adelante sin radicalizar el rumbo, más que solo “profundizarlo”, y sin una alianza que asigne al movimiento obrero un lugar que, explícitamente, le ha sido negado en la actual instancia electoral.
*Editorial del periódico del Partido Patria y Pueblo – Izquierda Nacional, Nº 35, septiembre de 2011, Buenos Aires, Rep. Argentina.
Sede Central: Bolívar 1511 - Cap. Fed.
Rep. Argentina - 011 4 300 4332
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LAS IMÁGENES NO PUDIERON SER SUBIDAS.
martes, 20 de septiembre de 2011
Carta de Gorojovsky en la Revista POLÍTICA
Me tomé el atrevimiento de subir a mi blog la Carta del Director, de Néstor Gorojovsky...espero lo tome a bien.
Carta del Director*
Un Bicentenario Aglutinador
Lic. Néstor Gorojovsky
La imposición del nombre de Néstor Kirchner a la sede de UNASUR en Quito fue un acto de justicia histórica. Sin minimizar la voluntad de los restantes presidentes o ex presidentes latinoamericanos, es evidente que el fallecido estadista argentino se constituyó, desde el momento en que asumió la Secretaría General de esa organización hasta su inesperado fallecimiento, en uno de los principales promotores contemporáneos de la unidad de la Patria Grande.
Bastan para hacerlo merecedor de este homenaje la firme determinación que demostró al momento de defender al pueblo hondureño contra la intervención extranjera (apenas velada bajo la forma del golpe institucional del cipayo Micheletti), la decidida y fulminante actuación que le cupo en el repudio masivo e inmediato a la chirinada proimperialista contra Rafael Correa en Ecuador, y la exitosa mediación entre Colombia y Venezuela, donde fue el máximo ejecutor de una política que aventó el peligro de una guerra fratricida, instigada por los partidarios colombianos del alineamiento incondicional con los EE.UU.
Pocas veces fue más cierta la apreciación marxista de que la política exterior se explica por la política interior y no al revés. Estos tres actos de alta política, así como el impulso general que supo darle al recién nacido organismo sudamericano, son a su vez el resultado de un profundo proceso político en el país del Plata. Con el inicio del siglo XXI estalló por los aires la antigua Argentina pampeana agroexportadora y extrovertida, desdeñosa del mundo criollo que empezaba en su propio seno, más allá de las fronteras de la Pampa Húmeda y de los escasos enclaves de implantación inmigratoria en algunas áreas de riego o de cultivos industriales.
Con ese estallido de una estructura económica que ya había comenzado a fenecer durante la crisis mundial de 1929, se dieron las condiciones materiales para el cambio de las formas de la conciencia que le eran propias. La lenta maduración de una conciencia de unidad americana en la Argentina , que encuentra en el Uruguay de José “Pepe” Mujica un equivalente muy bienvenido, es el signo más claro de la desaparición definitiva del europeísmo fatal con que la colonización pedagógica mitrista envenenó por un siglo y medio la comprensión local del destino irrevocablemente sanmartiniano de nuestro país. Y la acción política de Néstor y Cristina Kirchner está dando forma contundente a esa conciencia.
Al Norte de nuestro continente, la prédica bolivariana y unificadora de Hugo Chávez, que le ha valido el odio imperecedero de los países imperialistas y, en especial de los EE.UU., volcó la mirada de las grandes masas de Venezuela hacia el Sur. Gracias a ese militar revolucionario de hondas raíces populares, el país de Miranda se empieza a asumir como bifronte.
El hondísimo cipayismo de la oligarquía petrolera se expresaba en una miserable visión de mundo que hacía de un país de un millón de kilómetros cuadrados, que llega hasta la Amazonía y contiene una buena porción de cadenas andinas, una mera costa, un país de espaldas no solo a sus vecinos sino, como la vieja Argentina, también a sí mismo.
Orientada hacia los mares a los que accedía desde el Caribe, esa geografía mental de la exportación de petróleo se limitaba a una costa y su hinterland inmediato. El resto del inmenso triángulo venezolano que apunta a Manaos era, como solían decir los beneficiarios del régimen exportador de hidrocarburos e importador de todo lo demás, “monte y culebra”.
Esa Venezuela oligárquica era, así, más una extensión de las Antillas en Tierra Firme que el gran portal sudamericano sobre el Caribe.
Hipnotizada a mediados del siglo XX por la Nueva Roma neoyorkina, y en sus últimas décadas por el agusanado sol miamero, la oligarquía venezolana se daba el lujo de despreciar a sus hermanos, al punto de ni siquiera prestarles atención. Bolívar, en la decepción de sus últimos días, creía haber “arado en el mar”. Su patria chica, asentada sobre un “mar de petróleo”, ni siquiera se interesaba por saber cómo habían sido los territorios donde su espada libertadora había librado los grandes combates de la Primera Emancipación.
Brasil, con la asunción de Dilma Rousseff a la primera magistratura, sigue consolidando el giro copernicano que empezaron a dar sus élites a principios de la década del ochenta. Henry Kissinger debe de estar lamentando, en su vejez cargada de malas noticias, el haber anunciado medio siglo atrás, en la gozosa celebración del golpe de Estado de 1964, que “adonde vaya el Brasil irá América Latina”. Mucho camino queda por andar al gigante lusoamericano, cuyas élites todavía no se han sacudido la imponente lápida divisionista heredada de la alianza entre la burguesía paulista y el imperialismo, por un lado, y las retrógradas clases dominantes del Nordeste azucarero y los agresivos bandeirantes que por largas décadas consideraron a Bolivia, el Paraguay y el Uruguay como meros cotos de caza a considerar como apéndices del monstruo industrial de exportación asentado en el triángulo San Pablo - Belo Horizonte - Río de Janeiro.
Pero la nacionalización americana del obrero nordestino Lula da Silva, que se fue dando en el ejercicio del poder, encuentra ahora en su sucesora un vínculo profundo con la antigua tradición varguista de reunificación, ésa que intentó cuajar en el ABC con Perón y con Ibáñez del Campo. Hoy se expresa en la gran política unificadora, que promueve por múltiples vías una integración más equilibrada con la Argentina y la incorporación de Venezuela al MERCOSUR, acontecimiento que no dejó de merecer la atención de los embajadores de EE.UU. en la región. El reciente acuerdo con Paraguay sobre el uso de la energía de Itaipú marca la nueva dirección con una luz indiscutible.
La política unificadora, que sigue la vieja propuesta de la Izquierda Nacional según la cual en ella se encuentra la clave de la revolución social de los pueblos de América Latina, encuentra por supuesto la histérica oposición de las viejas clases parasitarias que nos habían condenado a más de un siglo de mutua soledad. En Colombia, Chile y Perú, esas clases mantienen las viejas políticas antiamericanas que, sin embargo, no logran convencer a nadie fronteras afuera de sus propias provincias. En Ecuador, Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay están agazapadas y al acecho, esperando el momento de dar el zarpazo retrógrado que restaure su poder.
Está en las clases populares de estos países, y en las de aquellos que aún no han logrado superar el provincianismo balcanizador, el poder de terminar con estas amenazas. Revolución unificadora y revolución social se irán mostrando, a medida que avance la historia, como dos caras de una misma moneda: la de la unidad de América Latina en una poderosa federación, tal como la habían imaginado los héroes de la emancipación y ese verdadero regalo de lo mejor del Viejo Mundo que fue el pensamiento de León Trotsky desde su atalaya mexicana. Tenemos la suerte de vivir esos tiempos. Seamos dignos del desafío que nos plantea. Americanos, o nada, ésa es la consigna de la hora.
*Editorial de la Revista POLITICA - Nº 10 – 04.2011 - Buenos Aires - Rep. Argentina.
Carta del Director*
Un Bicentenario Aglutinador
Lic. Néstor Gorojovsky
La imposición del nombre de Néstor Kirchner a la sede de UNASUR en Quito fue un acto de justicia histórica. Sin minimizar la voluntad de los restantes presidentes o ex presidentes latinoamericanos, es evidente que el fallecido estadista argentino se constituyó, desde el momento en que asumió la Secretaría General de esa organización hasta su inesperado fallecimiento, en uno de los principales promotores contemporáneos de la unidad de la Patria Grande.
Bastan para hacerlo merecedor de este homenaje la firme determinación que demostró al momento de defender al pueblo hondureño contra la intervención extranjera (apenas velada bajo la forma del golpe institucional del cipayo Micheletti), la decidida y fulminante actuación que le cupo en el repudio masivo e inmediato a la chirinada proimperialista contra Rafael Correa en Ecuador, y la exitosa mediación entre Colombia y Venezuela, donde fue el máximo ejecutor de una política que aventó el peligro de una guerra fratricida, instigada por los partidarios colombianos del alineamiento incondicional con los EE.UU.
Pocas veces fue más cierta la apreciación marxista de que la política exterior se explica por la política interior y no al revés. Estos tres actos de alta política, así como el impulso general que supo darle al recién nacido organismo sudamericano, son a su vez el resultado de un profundo proceso político en el país del Plata. Con el inicio del siglo XXI estalló por los aires la antigua Argentina pampeana agroexportadora y extrovertida, desdeñosa del mundo criollo que empezaba en su propio seno, más allá de las fronteras de la Pampa Húmeda y de los escasos enclaves de implantación inmigratoria en algunas áreas de riego o de cultivos industriales.
Con ese estallido de una estructura económica que ya había comenzado a fenecer durante la crisis mundial de 1929, se dieron las condiciones materiales para el cambio de las formas de la conciencia que le eran propias. La lenta maduración de una conciencia de unidad americana en la Argentina , que encuentra en el Uruguay de José “Pepe” Mujica un equivalente muy bienvenido, es el signo más claro de la desaparición definitiva del europeísmo fatal con que la colonización pedagógica mitrista envenenó por un siglo y medio la comprensión local del destino irrevocablemente sanmartiniano de nuestro país. Y la acción política de Néstor y Cristina Kirchner está dando forma contundente a esa conciencia.
Al Norte de nuestro continente, la prédica bolivariana y unificadora de Hugo Chávez, que le ha valido el odio imperecedero de los países imperialistas y, en especial de los EE.UU., volcó la mirada de las grandes masas de Venezuela hacia el Sur. Gracias a ese militar revolucionario de hondas raíces populares, el país de Miranda se empieza a asumir como bifronte.
El hondísimo cipayismo de la oligarquía petrolera se expresaba en una miserable visión de mundo que hacía de un país de un millón de kilómetros cuadrados, que llega hasta la Amazonía y contiene una buena porción de cadenas andinas, una mera costa, un país de espaldas no solo a sus vecinos sino, como la vieja Argentina, también a sí mismo.
Orientada hacia los mares a los que accedía desde el Caribe, esa geografía mental de la exportación de petróleo se limitaba a una costa y su hinterland inmediato. El resto del inmenso triángulo venezolano que apunta a Manaos era, como solían decir los beneficiarios del régimen exportador de hidrocarburos e importador de todo lo demás, “monte y culebra”.
Esa Venezuela oligárquica era, así, más una extensión de las Antillas en Tierra Firme que el gran portal sudamericano sobre el Caribe.
Hipnotizada a mediados del siglo XX por la Nueva Roma neoyorkina, y en sus últimas décadas por el agusanado sol miamero, la oligarquía venezolana se daba el lujo de despreciar a sus hermanos, al punto de ni siquiera prestarles atención. Bolívar, en la decepción de sus últimos días, creía haber “arado en el mar”. Su patria chica, asentada sobre un “mar de petróleo”, ni siquiera se interesaba por saber cómo habían sido los territorios donde su espada libertadora había librado los grandes combates de la Primera Emancipación.
Brasil, con la asunción de Dilma Rousseff a la primera magistratura, sigue consolidando el giro copernicano que empezaron a dar sus élites a principios de la década del ochenta. Henry Kissinger debe de estar lamentando, en su vejez cargada de malas noticias, el haber anunciado medio siglo atrás, en la gozosa celebración del golpe de Estado de 1964, que “adonde vaya el Brasil irá América Latina”. Mucho camino queda por andar al gigante lusoamericano, cuyas élites todavía no se han sacudido la imponente lápida divisionista heredada de la alianza entre la burguesía paulista y el imperialismo, por un lado, y las retrógradas clases dominantes del Nordeste azucarero y los agresivos bandeirantes que por largas décadas consideraron a Bolivia, el Paraguay y el Uruguay como meros cotos de caza a considerar como apéndices del monstruo industrial de exportación asentado en el triángulo San Pablo - Belo Horizonte - Río de Janeiro.
Pero la nacionalización americana del obrero nordestino Lula da Silva, que se fue dando en el ejercicio del poder, encuentra ahora en su sucesora un vínculo profundo con la antigua tradición varguista de reunificación, ésa que intentó cuajar en el ABC con Perón y con Ibáñez del Campo. Hoy se expresa en la gran política unificadora, que promueve por múltiples vías una integración más equilibrada con la Argentina y la incorporación de Venezuela al MERCOSUR, acontecimiento que no dejó de merecer la atención de los embajadores de EE.UU. en la región. El reciente acuerdo con Paraguay sobre el uso de la energía de Itaipú marca la nueva dirección con una luz indiscutible.
La política unificadora, que sigue la vieja propuesta de la Izquierda Nacional según la cual en ella se encuentra la clave de la revolución social de los pueblos de América Latina, encuentra por supuesto la histérica oposición de las viejas clases parasitarias que nos habían condenado a más de un siglo de mutua soledad. En Colombia, Chile y Perú, esas clases mantienen las viejas políticas antiamericanas que, sin embargo, no logran convencer a nadie fronteras afuera de sus propias provincias. En Ecuador, Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay están agazapadas y al acecho, esperando el momento de dar el zarpazo retrógrado que restaure su poder.
Está en las clases populares de estos países, y en las de aquellos que aún no han logrado superar el provincianismo balcanizador, el poder de terminar con estas amenazas. Revolución unificadora y revolución social se irán mostrando, a medida que avance la historia, como dos caras de una misma moneda: la de la unidad de América Latina en una poderosa federación, tal como la habían imaginado los héroes de la emancipación y ese verdadero regalo de lo mejor del Viejo Mundo que fue el pensamiento de León Trotsky desde su atalaya mexicana. Tenemos la suerte de vivir esos tiempos. Seamos dignos del desafío que nos plantea. Americanos, o nada, ésa es la consigna de la hora.
*Editorial de la Revista POLITICA - Nº 10 – 04.2011 - Buenos Aires - Rep. Argentina.
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